Pero lo más llamativo es su apuesta por las últimas tecnologías. Entrar a los probadores es dar un paso en el tiempo, un viaje al futuro. Los espejos son pantallas con las que puede interactuar. Una vez dentro pedir un cambio de talla o de color es cuestión de dar al enter. Uno de los 86 empleados atiende la petición con la alarma que salta en las pulseras que llevan.

El elemento tecnológico más llamativo está escondido en los probadores. Los cubículos tienen tres espejos del suelo al techo. En el de la derecha, de fondo, hay proyectada una pantalla de ordenador. Y al otro lado un escáner. Los clientes entran, escanean la prenda que se van a probar y en el monitor aparece un menú con el mismo aspecto que en la página web: un modelo lleva la prenda